El pirata lleva cinco partidos sin perder, consiguió cuatro victorias increíbles y está a tan solo 5 unidades de la punta. Mientras los estudiosos del fútbol se preguntaban si este equipo se amoldaría a la Primera División, los celestes se encargaron de acallar a los más prejuiciosos y de tornar dudas en certezas.
Este Belgrano es cosa seria, che. Cuando comenzaba el Torneo Apertura de Primera División, y el equipo pirata acumulaba empates, empezaron a aparecer las murmuraciones, las dudas, las críticas. “Este equipo andaba muy bien en la B”, “No creo que pueda acomodarse al fútbol de primera”, “Tiene que cambiar el esquema, sino no va a andar”. Si bien los resultados no eran decididamente malos, un equipo recién ascendido debía comenzar a sumar de a más unidades.
Habrá sido el instinto de supervivencia, habrá sido el sacudón que le dio Newells en el Kempes, habrá sido la perseverancia, habrá sido la “banca” al esquema, a los nombres propios, a las ideas de juego. Habrá sido el nivel superlativo alcanzado por Vázquez, habrá sido la regularidad del resto del plantel. Vaya uno a saber. Pero de pronto, Belgrano se convirtió en la sensación del torneo.
Luego de este irregular arranque, los dirigidos por Zielinski pegaron un triunfazo en condición de visitante ante San Lorenzo, y la cosa comenzó a tomar otro color. Este fue el comienzo de una seguidilla de durísimos enfrentamientos, que incluía cruces con equipos grandes y viajes a canchas difíciles. Al volver del Nuevo Gasómetro, la “B” recibió a un alicaído Independiente, y le pegó un nuevo hachazo a un árbol prácticamente caído, para luego hacer leña de él. Fue 2 a 0, con un doblete del “picante” Pereyra. “Che, están con toda la suerte encima estos cordobeses”, se escuchaba en los “unitarios” programas porteños.
Luego viajó a San Juan, con el objetivo de seguir subiendo, utilizando la cabeza de San Martín para apoyarse, y aprovechar la volada para mandarlo un poco más hacia abajo en la maldita y eterna lucha de los promedios. Sin brillar aún, el pirata volvió a traerse tres puntos de afuera. Con Franco Vázquez a la cabeza, en un altísimo nivel físico y futbolístico, y con un equipo que se amoldaba a la perfección a la situación particular de cada partido, las pirateadas se sucedían una tras otra.
Pensando en la cima del torneo, llegó Lanús a Córdoba. Pensando en pasar por encima a un recién ascendido Belgrano, pensando en Boca, pensando en sortear un leve obstáculo más en el camino hacia la lucha definitiva por el título. Y créame que si no fuese por el tristísimo arbitraje de Lunatti, ese partido era claramente celeste. La autoridad del encuentro, el 21 de Septiembre, le amargó la fiesta de la primavera a un Belgrano que hizo todo lo que tuvo que hacer (no más que eso, sólo lo que tuvo que hacer) para ganarle a uno de los equipos más regulares de nuestro fútbol. Pero si llegás con claridad, y el muchacho del silbato no te cobra un par de penales más que claros, la cosa se hace muy cuesta arriba.
Tras el empate, Belgrano estuvo lejos de amedrentarse. Y hablando de equipos regulares en el fútbol argentino, debía viajar hacia el estadio de Quilmes para enfrentarse a Estudiantes de La Plata. Si bien no pasaba por su mejor momento deportivo, Estudiantes es Estudiantes, con todo lo que eso significa de hace un tiempo a esta parte. Claro estaba, un empate para el pirata, en estas condiciones, era negocio. Lejos de conformarse, los celestes fueron por todo, y se trajeron precisamente eso: todo. En un atrapante partido, los de Zielinski consiguieron un 3 a 2 que deja un saldo inmejorable en esta primera parte del Apertura.
Es pronto para hacer balances, es cierto. Belgrano no es el Barcelona, también es cierto. No siempre mereció ganar cuando lo hizo, no siempre jugó a la perfección. Es más, casi nunca lo hizo de ese modo. Pero cuando un equipo maneja sus propias limitaciones y sabe hacia donde tiene que llevar el trámite de cada partido, pasan cosas como estas, en reiteradas ocasiones, como acá. Cuando un proyecto está bien barajado desde el comienzo, los cambios obligados de nombres terminan por volverse circunstanciales y no trascendentes. Ante Estudiantes no estuvieron Silvera, Ribair Rodríguez, Mancuello ni Quiroga, y sin embargo, la escencia pirata fue la misma. Sin lucirse en demasía, sin sobresalir en el nivel de juego, y sin marcar diferencias extremas, Belgrano se convirtió en un equipo parejo y efectivo.
Así, en silencio y sin hacer mucho escándalo, los de Alberdi comparten la tercera colocación de la tabla de posiciones, a sólo 5 unidades de la punta. Para un equipo recién ascendido, que mantuvo la base de la Primera B Nacional, y que tiene por delante el claro objetivo de salvarse del descenso, estos no son datos menores. Este Belgrano es cosa seria, che.





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