Copa América: Otra vez, nada

domingo, 17 de julio de 2011

18 años pasaron desde la última alegría de la Selección Argentina. Desde el año 1993 que el combinado nacional no puede celebrar ningún título oficial. Mientras se dilata la espera, la gente se acostumbra al fracaso. Esta vez, Argentina quedó afuera de la Copa América en cuartos de final a manos de Uruguay.


Qué lejos que parece haber quedado aquel tiempo, en el que nuestra selección llenaba de alegría nuestros días. Qué lejos quedó la tan celebrada (y tan polémicamente celebrada, por cierto) organización del Mundial de 1978, con consagración incluida. Qué lejos quedaste, “Matador”.

Atrás quedaron las épocas en las que teníamos el viento a favor. Viento que supo elevar hasta lo más alto del cielo a un barrilete cósmico, haciendo delirar a todo nuestro pueblo en el año 1986. Atrás quedaron Pumpido, Ciciuffo, Brown, Ruggeri, Olarticoechea, Giusti, Batista, Enrique, Maradona, Burruchaga y Valdano.

Atrás quedó esa misma camada, aunque renovada, con el mítico “Goyco” tapando penales a más no poder, con el “Cani” apareciendo, con Diego llorando desconsoladamente ante una final perdida en Italia 1990.

Lejos, lejísimos, quedaron las últimas consagraciones. Las ediciones de la Copa América de 1991 y 1993 son parte de la historia. Como lo son los seis goles de Batistuta en Chile, mas los otros tres en Ecuador, dos años después. Como lo son Caniggia, Ruggeri y Simeone siendo nuestros principales abanderados. Años dorados, años añorados. Qué lejos quedaron.

Desde que “nos cortaron las piernas”, nada volvió a ser igual. En el mundial de Estados Unidos 1994 Rumania hizo leña del árbol caído, y la selección nunca más pudo ser la misma. En esa oportunidad, nos volvimos en octavos de final. Y en esa oportunidad, fue una gran sorpresa. Hoy, después de tantos tropiezos, de tantas tristezas, de tantas derrotas, de tantas amarguras, de tanto dolor, un octavos de final no sería noticia.

Un año después, en la Copa América Uruguay 1995, Brasil nos mandó a casa en cuartos. Sí, ya se lo que me vas a decir, pero no me vengas con excusas. La mano de Tulio sobre el final, el empate brasileño y la derrota por penales, son solo eso, excusas.

En Bolivia, dos años mas tarde, tuvimos que empatarle sobre la hora a Paraguay con un penal de Gallardo, en el tercer partido del grupo, porque sino quedábamos afuera en la primera fase. Obvio, nos agarró Perú en cuartos y nos dejó afuera.

Más allá de estos dos tropezones, la Argentina “brilló” en las eliminatorias y llegó con aires renovados al mundial de Francia en 1998. Con el “Bati” en llamas, el “Piojo” hecho un rayo y el “Burrito” poseído por la magia, pasamos a octavos. Ahí, tuvimos en nuestras manos la última gran alegría: eliminar a Inglaterra por penales y pasar a cuartos. Hasta ahí nomás, no te entusiasmes. Contra Holanda y sobre la hora, Ortega se hizo expulsar, Bergkamp madrugó a Ayala, ejecutó a Roa y terminó una vez más con nuestro sueño.

Al año siguiente, en nuestro país era sensación “el Boca de Bianchi”. Con esa base, la selección viajó a Paraguay a jugar una nueva edición de la Copa América. Allí, Palermo hizo tres goles en tres partidos. Además, erró tres penales en uno sólo. Argentina nunca logró jugar bien y clasificó lastimosamente a cuartos de final, instancia en la que fue eliminado, nuevamente, a manos del combinado de Brasil. Ronaldinho, Rivaldo y Ronaldo fueron mucho más que Riquelme, Guillermo y Palermo.

El año 2001 nos ahorró un disgusto. La selección decidió no viajar a Colombia, a raíz de la tensa situación política y social que se vivía en aquel país. Las frecuentes apariciones de las FARC y de los ejércitos oficiales lograron amedrentar a dirigentes, cuerpo técnico y jugadores argentinos. La nuestra fue la única selección que no participó del evento.

Pero si el año 2001 nos ahorró un disgusto, fue solo para que el 2002 se venga con todo. Argentina llegó al Mundial Corea-Japón como el principal candidato luego de las exhibiciones futbolísticas presentadas en las eliminatorias sudamericanas y del fútbol de alto vuelo mostrado en esa instancia bajo las órdenes de Marcelo Bielsa. Victoria por la mínima ante Nigeria, derrota ante Inglaterra, empate ante Suecia, y a casa. Sin dudas, se trató de la mayor desilusión deportiva de esta última parte de la historia.

Lo que siguió fue la Copa América de 2004, en Perú. Allí nuestra selección mostró otra cara, pero el resultado fue similar: nos volvimos con las manos vacías. Llegamos a la final después de varias goleadas y algunas actuaciones realmente positivas. Cuando el partido decisivo parecía estar ya en el bolsillo, cuando Tevez y D`alessandro se turnaban para tener la pelota en la esquina y recibir patadas verdeamarelhas, apareció Adriano. El morocho nos la mandó a guardar a los 90`, puso el 2 a 2, y en los penales la gloria fue para ellos.

Otras eliminatorias, no tan mágicas como las anteriores, nos depositaron en Alemania 2006. Ese año copamos las calles del país para celebrar el gol de Maxi Rodriguez a México en el suplementario y la clasificación a Cuartos de Final. Una vez más, esa fue la instancia definitiva. La selección local, por penales, acabó con la ilusión.

Un año más, una Copa América más, una oportunidad más. En el 2007, en Venezuela, Argentina jugó de maravillas. Con Messi en su mejor nivel, con Riquelme encendido, con Verón maduro y ordenado, con Aimar, con Crespo, con Tevez, con Mascherano. La fase de grupos, se superó “caminando”. Cuartos y semis, ni hablar. La final, con Brasil. A los 4` del primer tiempo, ya estábamos 1 a 0 abajo. Nos hicieron 3, y nos hicieron precio. Sí, otra vez sub-campeones. Otra vez el maldito prefijo “sub”.

Las eliminatorias para el mundial de Sudáfrica 2010 fueron un poco más movidas. Un equipo que no jugaba a nada, un técnico que se iba, rumores, versiones encontradas, la polémica llegada de Maradona al cargo, el gol de Palermo a Perú bajo la lluvia, el gol de Bolatti a Uruguay y la agónica clasificación. Ya en la Copa del Mundo, la cuestión empezó a tomar otro color. La fase de grupos fue superada con tres victorias, y para los “play-offs”, el destino nos jugó una mala pasada. Los rivales fueron idénticos a los que nos enfrentáramos 4 años atrás en Alemania. México fue superado en octavos, pero la selección germana nos goleó en cuartos. Afuera de nuevo.

Sólo las medallas doradas en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 y Beijing 2008 mecharon alguna sonrisa entre tanta amargura.

Ayer se escribió una nueva página de esta historia. La esperanza era inédita, la Copa América se jugaba en nuestro país, y todo estaba dado para que se quede en casa. Pero cuando las cosas están mal paridas de arranque, difícilmente lleguen a buen puerto. 1 a 1 con Bolivia y 0 a 0 con Colombia fueron los primeros resultados. Un mínimo aire apareció con el 3 a 0 a Costa Rica, y se acabó todo.

A las 19:15 del sábado 16 de Julio de 2011 salían al estadio de Santa Fe los equipos de Argentina y de Uruguay para disputar su partido de cuartos de final. Mencionar lo que sucedió en cancha, sería hacer más de lo que hacen todos. Sí, Messi jugó bien, Di María jugó mal, la defensa no proporcionó seguridad, Uruguay ganó siempre de arriba, le expulsaron uno a cada uno. Todo eso, es historia conocida. El partido terminó 1 a 1, resultado que no se modificó en la prórroga. En la tanda de penales, convirtieron todos, excepto Tevez.

Son 18 años de no ganar absolutamente nada. Son 18 años de hacer las cosas mal, de no ser acompañados por la suerte, de errar penales, de perder sobre la hora, de quedar eliminados.

Simeone, Batistuta, Balbo, Sensini, Zanetti, Sorín, Ayala, Ortega, el Kily Gonzalez, Gallardo, Riquelme, Verón, Aimar, Maxi Rodriguez, Mascherano, Agüero, Tevez, Higuaín, Messi. Todos, cada uno en su turno, fueron quedando sentados, en el medio del campo, llorando desconsoladamente, eliminados.

Análisis, pueden haber miles. Responsables, otros tantos. Los heridos, somos cerca de 30 millones. Los mismos que seguirán heridos, pero esperanzados, ilusionados. ¿Cómo no te vas a ilusionar? Si cada vez que se juega alguna competición, Argentina es candidato. Vamos muchachos, que no se estire más la espera, porque a este paso, pronto dejaremos de serlo.

Por Santiago Orosco

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