Las ilusiones están renovadas en La Academia, que con varios posibles resultados ante Estudiantes de Rio IV puede clasificar.
Empezó la temporada con Bonetto a cargo del plantel con el ascenso entre ceja y ceja, como objetivo primordial. Algunos bajos rendimientos y pérdidas insólitas de puntos hicieron que La Acadé quedara lejos para pelear por el ascenso directo. Se definieron los 9 mejores del torneo y Racing no pudo estar entre ellos, las luces -al igual que las ilusiones- del Miguel Sancho se fueron apagando. Sólo quedó encendida una caprichosa o desentendida de todo lo que había ocurrido, esa lucesita quedó al pie del cañón pensando que la historia jugaría una vez más, que la albiceleste por peso debería ser protagonista, que este campeonato -injusto como pocos- le daría otra chance. Entró al reducido y consiguió 3 victorias consecutivas y esa luz contagió de energía a algunas otras que instantáneamente volvieron a iluminar la noche oscura de Nueva Italia.
Pero en este Racing no todo puede ser alegría últimamente, un León cortó los cables de electricidad y las luces volvieron a apagarse. Un tal Gatto se vistió de héroe en el sur cordobés y derrotó a Racing. Para el colmo de males, el botellero no se quedó atrás y volvió a derrumbar las ilusiones que parecían haberse renovado. Nuevamente solitaria quedó aquella luz, empecinada en que algo bueno tenía que pasar. Pero la ida de Bonetto se transformó en una tormenta imparable que generó un bajón eléctrico, el poder de la luz disminuyó de repente. Hacía aparentar que de una vez por todas la resignación era el mejor camino, que esperar al técnico en electricidad en julio era el camino mas viable.
Pero la vida da vueltas, y qué vueltas da la vida. Un "Negro" que pasaba por las cercanías del estadio vio todo oscuro, casi atónito no entendía el porqué. Ese homnre había llevado a Racing a lo más alto del fútbol nacional muchos años atrás, fue de excursión a Corea y se trajo una copa Internacional bajo el brazo. Él ya había visto también lo peor de este club, cuando deambulaba por la ACF y junto a pibes que jugaban por amor a la camiseta -muchas veces sin ver ni una moneda- logró en tan solo un año ascender 3 categorías, moco de pavo lo que consiguió. Y casi sin otro remedio, sabiendo todo lo que alguna vez le dio a esta institución, se armó de coraje, manoteó una linterna y se animó a pasar por la puerta de entrada una vez más. La luz casi a punto de dejar de alumbrar, se llenó de energía y brilló como nunca, ese rincón en el Miguel Sancho volvió a ser lo que era a principio de temporada.
Más aún cuando el Principe Artura comenzó el camino de una goleada al alumno de Villa María. Volvía la academia, esta vez con todo. La bola comenzó a correrse, como de costumbre, las luces de a poco fueron encendiéndose, la gente comenzó a pensar que todo en esta vida es posible. Pero a la vuelta de la esquina tenía un partido durísimo, frente a la Juventud que le cascoteó el rancho durante noventa minutos pero este Racing ahora está protegido por San Gerardo que salvó todo y un pibe que todavía usa "Chupete" le dio una victoria agónica. La mayoría de las luces hoy alumbran casi por completo las cuatro paredes del Miguel Sancho en el centro de Nueva Italia. Otras, mas cautas, todavía no quieren prenderse porque saben que el camino al objetivo es sinuoso, es duro y lleno de escombros y Racing deberá recorrerlo a pie y descalzo. Pero a su vez, reconocen el cambio y creen que esto es posible.
Pero en este Racing no todo puede ser alegría últimamente, un León cortó los cables de electricidad y las luces volvieron a apagarse. Un tal Gatto se vistió de héroe en el sur cordobés y derrotó a Racing. Para el colmo de males, el botellero no se quedó atrás y volvió a derrumbar las ilusiones que parecían haberse renovado. Nuevamente solitaria quedó aquella luz, empecinada en que algo bueno tenía que pasar. Pero la ida de Bonetto se transformó en una tormenta imparable que generó un bajón eléctrico, el poder de la luz disminuyó de repente. Hacía aparentar que de una vez por todas la resignación era el mejor camino, que esperar al técnico en electricidad en julio era el camino mas viable.
Pero la vida da vueltas, y qué vueltas da la vida. Un "Negro" que pasaba por las cercanías del estadio vio todo oscuro, casi atónito no entendía el porqué. Ese homnre había llevado a Racing a lo más alto del fútbol nacional muchos años atrás, fue de excursión a Corea y se trajo una copa Internacional bajo el brazo. Él ya había visto también lo peor de este club, cuando deambulaba por la ACF y junto a pibes que jugaban por amor a la camiseta -muchas veces sin ver ni una moneda- logró en tan solo un año ascender 3 categorías, moco de pavo lo que consiguió. Y casi sin otro remedio, sabiendo todo lo que alguna vez le dio a esta institución, se armó de coraje, manoteó una linterna y se animó a pasar por la puerta de entrada una vez más. La luz casi a punto de dejar de alumbrar, se llenó de energía y brilló como nunca, ese rincón en el Miguel Sancho volvió a ser lo que era a principio de temporada.
Más aún cuando el Principe Artura comenzó el camino de una goleada al alumno de Villa María. Volvía la academia, esta vez con todo. La bola comenzó a correrse, como de costumbre, las luces de a poco fueron encendiéndose, la gente comenzó a pensar que todo en esta vida es posible. Pero a la vuelta de la esquina tenía un partido durísimo, frente a la Juventud que le cascoteó el rancho durante noventa minutos pero este Racing ahora está protegido por San Gerardo que salvó todo y un pibe que todavía usa "Chupete" le dio una victoria agónica. La mayoría de las luces hoy alumbran casi por completo las cuatro paredes del Miguel Sancho en el centro de Nueva Italia. Otras, mas cautas, todavía no quieren prenderse porque saben que el camino al objetivo es sinuoso, es duro y lleno de escombros y Racing deberá recorrerlo a pie y descalzo. Pero a su vez, reconocen el cambio y creen que esto es posible.
Por Eddie Brugger


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