Instituto: Crónica de un final anunciado

martes, 3 de julio de 2012

La historia finalmente terminó de la peor manera. El conjunto de Alta Córdoba se cayó en el último tramo del campeonato y no logró el ascenso. La promoción le jugó una mala pasada a los de Franco. Una gran temporada que no llegó al objetivo deseado. Otro año más en el Nacional B.



Todo comenzaba allá por agosto de 2011 cuando el IACC se iba armando de cara a una temporada dificilísima sabiendo los rivales que tendría en frente. Darío Franco era el técnico elegido para tomar las riendas de un grupo que se armaba para pelear por algo. River, Rosario Central, Gimnasia La Plata, Quilmes, Huracán, Chacarita… Rivales de jerarquía, a priori por encima de los cordobeses. Lo dijo el técnico cuando se confirmó la reválida frente e San Lorenzo: “Si hace 1 año me decían que jugábamos promoción, yo firmaba”. ¿Fue un error? ¿Instituto no contaba con las armas necesarias como para ascender directo? Nadie sabrá si realmente lo decía para no quedar mal parado o como para no desmerecer la campaña.

Aquel futbolero diario, aquel que realmente le gusta cuando aparecen sorpresas como éstas, aquel que espera de éste deporte un asombroso método como el que se mostró. Ése sabía perfectamente que La Gloria era un equipo que jugaba bien. Pero bien en serio. Porque los que seguíamos permanentemente la campaña le poníamos una “fichita” de mas.

La historia dejaba al equipo en una posición expectante. Porque con el correr de las fechas, cada oportunidad era inigualable para los albirrojos. Hasta la mismísima última jornada estaba servida en bandeja para que la fiesta sea 100% gloriosa. Los astros no se alinearon a favor de Instituto; el hincha tenía que lidiar una vez más con el sufrimiento. Derrota en casa frente a un equipo promedio y el acceso a la promoción.

De entrada, pensar en esa situación, nadie podía decir que era insatisfactorio, preocupante, indebido. Conociendo plantel, cuerpo técnico y los rivales que tocaban, cualquiera hubiera “firmado la promo”. Pero el error era conformarse con ello. Porque no cabe duda que a pesar de todo, el equipo estuviera para más.

Que no le dio el “cuero”, que se bajaron las medias, que el golpe anímico y psicológico fue tremendo… Todas las voces se escucharon al momento en que Pablo Lunati sentenció el final del partido en el Nuevo Gasómetro. Instituto se quedaba un año más, por lo menos, en la segunda categoría del fútbol argentino.

Repasar uno por uno los nombres que integraron éste plantel, el rendimiento, la calidad y el despliegue que demostraron, es extenso y hasta complicado. Vale más hablar del general, del grupo.

El correr de los partidos de la primera ronda mostraba a un equipo ordenado, preciso, agresivo en el momento justo. Cada vez los 11 titulares se iban entendiendo mejor y los rendimientos individuales óptimos hacían que el sistema implementado se lleve a cabo de la mejor manera. La forma de manejar el balón, la distribución del mismo, la presión justa, la precisión en velocidad dejaban en claro que el trabajo de la semana estaba a flor de piel.
Algún bajón propio del juego había, pero rápidamente se olvidaba y se comenzaba de nuevo. Por eso ya la segunda vuelta lo veía primero en la tabla de posiciones por encima de las “bestias” antes nombradas.


¿Un partido bisagra? Para mí, Patronato de Paraná. Derrota dura aquella tarde noche en tierras entrerrianas. Parecía como que los rivales le iban encontrando la vuelta al planteo puesto por Franco. Ya no le permitían el traslado de la pelota y la tenencia de la misma al ciento por ciento, caso que complicaba y mucho el potencial glorioso.
Es por ello que de ahí en más todos empezaron a “jugarle” a Instituto. Ya nadie le temía y se le paraban bien en cancha.

La falta de un plan “B” fue uno de los problemas explícitos que mostró el plantel en ésta segunda mitad. No había alternativas de juego que hagan un conjunto diferente, con otros parámetros de juego, con variantes posicionales y tácticas para confundir al rival… Nada de eso estuvo. Lamentablemente.

Derrotas que tumbaban; victorias que levantaban. La falta de fundamentos hacían que los partidos que se ganasen sea propios de un envión anímico o por el destino mismo, no por la forma de jugar. Eso fue “La Gloria” en los últimos 8 o 9 partidos de la temporada. Nunca se estabilizó correctamente y fue por ello que no aprovechó errores rivales para quedarse con la ardua pelea por el título y el ascenso.

Párrafo aparte merecen los hinchas. Porque a pesar de todo, siempre estuvo presente. El equipo se tenía que ir aplaudido de todos lados y así fue. El reconocimiento a un plantel que lo dejó todo fue el regalo más grande que cada uno de los integrantes del mismo podría pedir. Todo el mundo debería aplaudir a todos y a cada uno de los componentes. Todo el que sabe de fútbol reconoce que éste Instituto dejó un sello, una marca. El fútbol no sabe de merecimientos. Sabe de goles, sabe de victorias.

La historia no quiso que ascienda. Todos los factores influyentes fueron claves para el presente de la institución de Alta Córdoba. Éste equipo quedará grabado en las retinas, al menos en las mías. Yo me paro y aplaudo a éste Instituto. Porque tengo la fe de que con esfuerzo y trabajo, las cosas van a llegar. Por lo pronto, el Instituto Atlético Central Córdoba tendrá que vérselas cara a cara una vez más con la B Nacional.

Fotos: Mundo D

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