Instituto: Dos "puñalazos" decisivos

sábado, 9 de junio de 2012

De local y a cancha llena, "La Gloria" jugaba una verdadera final ante Quilmes. Dos caras de una misma moneda. Un primer tiempo que ilusiona; un segundo que deja mucho que desear. Errores del fondo hicieron que el "Cervecero" aproveche y convierta. Los de Franco perdieron un partido clave y ahora no dependen de sí mismo. Ahora, de visita con Deportivo Merlo.



Tarde-noche de viernes bastante fría en Alta Córdoba. Cualquiera hubiese pensado en muchos quedándose en casa para disfrutar calentitos el partido de "La Gloria". La situación, el momento, el epílogo del campeonato, lo que generó y demostró el equipo a lo largo de todo el campeonato, entre otros, fueron factores fundamentales para que la gente, una vez más, se hiciera presente en un Monumental totalmente repleto de corazones albirojos.

El color, el calor y la pasión que dio la hinchada, fue descomunal. Algo in habitual en el fútbol argentino, tan exitista, resultadista, que suele "aguantar" poco tanto a sus jugadores como a cuerpos técnicos en general. Pero la gente sabía que esto no era normal. Que el momento por el cuál pasaba su equipo no era de todos los días en la institución. Y es por ello que la respuesta desde afuera se hacía sentir en demasía hacia los del terreno de juego.

Es que jugaba Instituto. Jugaba con Quilmes. Ni más ni menos que con Quilmes. Su inmediato perseguidor en el campeonato que, de entrada, hacía creer que el empate no iba a ser un mal negocio. Porque desde que dio Pitana el inicio del encuentro, fueron los locales los que quisieron tomar riendas del partido, aunque con un rival decidido a presionar los más lejos de su arco posible.

Un Dybala muy movedizo al igual que sacrificado en la posición; un Videla impecable tanto para marcar como para distribuir; un Fernández que tenía la grata oportunidad de ser titular y que no debía desaprovechar; un Barsottini segurísimo de sus condiciones y limitaciones; entre otras, hacían demostrar la fortaleza tanto física como psíquica que tenía el 11 titular en general.

Con el correr de los minutos, el equipo parecía afianzarse y encontrar el rumbo del encuentro. Sin generar demasiado, pero sin sufrir en arco propio tampoco, se notaba a un Instituto diferente al que se había visto sobre todo en los últimos 3 partidos al menos. Porque estaban seguros, decididos, no desperdiciaban la pelota, se movían permanentemente y eran rápidos. Demasiado rápidos. Tan veloces que la precisión no se encontraba ya que el balón iba una o dos marchas más rápido que la cabeza. Y esto demostraba preocupación y malos entendimientos dentro de la cancha.

Si hay algo que a este equipo no le sirve ni sirvió, es poner el pensamiento en otros factores que no sean jugar. Un plantel que en su mayoría se acopló a un sistema de juego fantástico y que dio sus frutos, hicieron de esta campaña algo formidable, memorable. Y digo esto para recaer en un jugador: Hernán Encina. Un talento más que apto para la categoría, una precisión como pocos, un desequilibrio permanente y una visión de juego que hicieron que sea él uno de los abanderados de este plantel, de esta idea futbolera. Fueron varios (no solo éste) los partidos en los que prefirió pelearse con los rivales, quejarse todo el tiempo, pedir cosas que no son. Tan mal le hace esto a Instituto que parece no darse cuenta de sus actitudes.

Pero a pesar de todo, los de Franco seguía jugando y demostrando que querían un poquito más. Ya con un rival un tanto apaciguado pero que logró quitarle levemente la pelota, el local no encontraba el camino para convertir una ventaja que podía ser tranquilizadora. Se iban los primeros 45 minutos que dejaban en claro quién quería, a pesar de la imprecisión, llevarse algo más que una unidad de este partido.



Empezó el segundo tiempo. Salió Encina (parecía que Franco también se dio cuenta), entró López Macri. El técnico tiraba toda la carne al asador. Perder el equilibrio que el equipo siempre necesitó, no pareció algo que le incomodaba al adiestrador táctico. Cuatro delanteros netos en cancha para un Quilmes que sabía y mucho atacar de contra golpe, debido a la velocidad, potencia y experiencia de sus jugadores.

Las oportunidades que no aparecieron en el primer tiempo iban a salir en éste. Porque ya los dos equipos estaban cansados y las marcas no iban a ser iguales que en aquel momento. Instituto que no se cansaba de tirar centro al área, aun sabiendo el poderío aéreo con el que contaba Quilmes, sobre todo a la hora de defender. Y la visitar que trataba de salir con velocidad, haciendo cada vez más grande la figura de Miguel Caneo, uno de los mejores de la categoría.

Un gran trabajo de Garnier, con ayuda de Díaz y Mansilla, hizo que en éste segundo tiempo la cosa cambiase y se torne a favor del "Cervecero". Cortaban correctamente los avances de su rival, movían correctamente el balón y, sobre todo, seguían intentando contras que iban a ser decisivas con el transcurso del tiempo.

Cual Monzón en sus grande peleas, Martín Cauteruccio fue el encargado de dar rápidamente dos golpes de knock-out al local y poner en ventaja a su equipo, algo que parecía demasiado. Tan fuerte le pegó a los jugadores de Instituto, que no supieron volver en sí, no encontraron rumbo, caminos, sendas por las cuales buscar un descuento que cada vez parecía más difícil.

Dos chances tuvo Quilmes. Dos errores groseros cometió Instituto. 2 a 0 se puso el partido. Y allí se erradicó la gran diferencia la cuál lamentó el local. Dos cabezazos del "Monito" Fernández frente al arquero, ninguno terminó en gol. Los de Franco seguía sin aprovechar lo que generaban, seguían dándole ventajas a un rival que, a priori, sabían que iba a ser durísimo.

El final solo dejó lugar a un par de jugadas más para ambos encuentros, pero con un visitante muy tranquilo, sin apuros, que supo mantener siempre la inmerecida ventaja pero ventaja al fin. El aplauso más grande se lo llevó la gente. Sí, justamente la hinchada, la verdadera hinchada, que a pesar de la derrota, de no saber que deparará el futuro, jugó su partido y le devolvió con aplausos y gritos, todo lo que este plantel hizo a lo largo de esta temporada, algo que de entrada nadie, ni el más optimista, podía esperar.

Resumen del partido:

Instituto (0): Julio Chiarini; Raúl Damiani, Osvaldo Barsottini y Juan Sills; Alejandro Gagliardi, Ezequiel Videla y Franco Canever; Hernán Encina; Paulo Dybala, Miguel Fernández y Diego Lagos. DT: Darío Franco.

Quilmes (2): Emanuel Trípodi; Jorge Serrano, Sebastián Martínez, Joel Carli y Ernesto Goñi; Leandro Díaz, Pablo Garnier y Jacobo Mancilla; Miguel Caneo; Ezequiel Rescaldani y Martín Cauteruccio. DT: Omar De Felippe.

Goles: Ambos en el segundo tiempo: 12' y 16' Cauteruccio (Q).

Cambios: Todos en el segundo tiempo: 0' López Macri por Encina (I); 23' Fileppi por Sills (I); 26' Coronel por Videla (I); 32' Giménez por Rescaldani (Q); y 40' Romero por Cuteruccio (Q).

Amonestados: 6'PT Goñi (Q); 28'PT Videla (I); 21'ST Tripodi (Q); 25'ST Martínez (Q); y 42'ST Osvaldo Barsottini (I).

Arbitro: Néstor Pitana.

Estadio: Juan Domingo Perón - Instituto.

Fotos: Mundo D.

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