Cuando este cronista viajaba para relatar el partido de Instituto para la radio pensaba un sinfín de cosas; tenía unos sentimientos combinados con ilusiones que quitaban el sueño. No importaban. Es ese sentir que no hace faltar describir, que cualquiera que vive de esto, como un hincha de un club o de los clubes cordobeses sabe tener. Ni se escribe, no se niega, sólo está, y hay que saberlo manejar.
Del otro lado, un poco más arriba, compartiendo el poco aire que circula, está el cerebro. Es el que recordaba que la “Glo” tenía que ganar, y esperar otros resultados, pero sin olvidarse del propio. Siempre en este campeonato dependió de los albirrojos, ganando seguiría arriba, pero no se puede ganar todo, en realidad sí. Pero. Tampoco es fácil. Es difícil. Dificilísimo. Más allá, de esto, los de Franco vivieron el partido más con el corazón que con la cabeza.
Se olvidaron de que para seguir arriba dependen de ellos, no de River ni Central, aunque está claro que ayudan cuando empatan y pierden. Pero si vos no sumás, nadie lo hace por vos. Y nadie le regaló nada a IACC. Y sumó un punto con lo justo por el bombeo del músculo rojo, pero la cabeza (que se usó, pero no tanto) mandó señales a sus jugadores a hablar más de que era muy buen resultado el empate en Rosario que sobre cómo se le debía jugar a la Lepra. Y ésa bendita paridad se dio, pero los visitantes en Mendoza no sumaron y todo quedó igual.
Entrando de lleno en el encuentro, los de Alta Córdoba mostraron las dos facetas: la que permitió mantener la punta del torneo y la que logró que la perdiese. Lo mejor en el cotejo se dio al comienzo, con la presión (y la gran filosofía de que los delanteros son los primeros defensores), recuperando la pelota, aprovechando dos volantes centrales para controlarla, avanzar con el dominio del balón y ver más de dos opciones al momento de descargar el esférico. Después, en el trecho más largo del partido se volvió a cometer errores, como perder el dominio de la redonda, retroceder pasos, y olvidarse que si uno tiene el balón es la mejor manera de defenderse.
Así Independiente se los llevó por delante y con tres delanteros( el entrenador Claudio del Bosco, es otro que procesa la filosofía “bielsista”) como lo fueron Velázquez, Caballero y Ferradas, hicieron lo que quisieron con la defensa de Instituto. Lateralizó el juego, alcanzó en cantidad de corners al rival y Pablo de Miranda, el defensor que sacó todo, tuvo dos claras oportunidades de anotar de pelota parada.
Así se fue dando, hasta que en el segundo tiempo, en el segundo mano a mano de Ferradas, quedó el disparo en el cuerpo de Julio Chiarini, pero le vehemencia con la cual venía corriendo Alejandro Gagliardi hizo que se le lleve por delante y la pelota superó la humanidad del guardametas, y llegando a la línea del arco improvisó una chilena que le dio el rebote a Marcos Britez Ojeda. Iban 16 minutos de la etapa complementaria.
A los 19 y a los 25 minutos de ese tiempo, se consumieron las modificaciones para Darío Franco, porque ingresaron Miguel Fernández, Ezequiel Videla y Nicolás López Macri. De esta manera, se equilibró la cancha, la Gloria nunca se desbalanceó con un jugador como Videla, que estuvo en todos lados. El número 14 supo ocupar la banda derecha y capitalizar los avances por ahí, que nunca hizo el “Tano”. Y el “Monito” acertó con poner la cabeza. Así fue el gol, centro por la diestra del recientemente ingresado y cabezazo de Fernández. Empate. Después el que ejecutó la habilitación para el tanto, tuvo un disparo que salió desviado y no hubo tiempo para nada más.
Paridad. No se sacaron diferencias numéricas. Está claro que depende de Instituto. De nadie más. Todo está igual. Sólo habrá que evitar meditar con el corazón que late a mil, para ahora sí hacerlo con la cabeza, y de esta manera, sacar la ventaja que tantas veces mereció. Pensar, nada más que pensar.
Foto: Mundo D



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