Con un golazo de Molina en el primero, y otro agónico de Rivero en el complemento, Racing le ganó a Unión de Sunchales 2-1 y sumó su segunda victoria de manera consecutiva. No jugó bien la academia, quizás se haya llevado mas de lo que mereció, pero ganó y eso es lo mas importante.
El escenario y el contexto eran los ideales, porque el hecho de haberle ganado a Gimnasia y Tiro el viernes fue para Racing una bocanada de aire fresco, sobre todo la posibilidad de cortar una racha de ocho partidos sin ganar y otros tantos sin jugar bien. Pero lo dicho, la goleada ante los salteños pareció marcar un "click", un punto de inflexión, siempre desde la apariencia. Enfrente Unión de Sunchales con todas sus limitaciones a cuestas y una crisis futbolística lo suficientemente profunda como para suponerlo un rival de valía.
Pero si hay una lección que Racing ha aprendido a lo largo de su historia, es que no hay rivales sencillos ni partidos fáciles, y éste no fue la excepción. Las primeras imágenes del partido mostraron a uno y otro con posturas bien definidas, el dueño de casa buscando desordenadamente la apertura del marcador, y la visita bien parado, apostando a la buena pegada de Ríos y la movilidad de Solferino y Ochoa arriba.
Contrariamente a los que suponiamos, el que dispuso de las situaciones mas nítidas en esos primeros minutos fue Unión, primero a través de un remate de 25 metros de Fraire que Antonio sacó magistralmente, despues con un par de cabezazos de Solferino y para completar, un remate de Fler que no llegó a ser gol de milagro. Mientras tanto la academia seguía siendo un testigo privilegiado del espectáculo, un convidado de piedra que veía como el rival le manejaba la pelota y los espacios.
Todo hasta el minuto 18, momento en el cual Rivero "sacudió la modorra" aguantando una pelota casi perdida, pase a Fernandez Lucero, prolongación para Becica, desborde de Albano y derechazo excepcional del negro Molina en el segundo palo para poner la pelota en un ángulo y hacer estéril la volada de Nuñez: golazo. De buenas a primeras la academia ganaba, quizas sin merecerlo, pero con la suficiente capacidad de saberse individualmente superior a los de Sunchales y con las herramientas necesarias como para liquidarlo, en caso de tener la oportunidad de hacerlo.
Un gol increíblemente errado por Rivero abajo de arco -tras una guapeada de Padua- fue un claro síntoma de que con poco, la academia era mas que Unión. Demasiado vertiginoso tal vez, pero superior al fin. Ya en el complemento, el partido fue decayendo progresivamente y el perjudicado terminó siendo el local; perdió verticalidad y perdió esa presencia en la mitad de cancha, allí donde Mascambroni luchaba en soledad contra los volantes santafesinos y Molina y Becica se perdían en la intrascendencia de un Racing irresoluto y dubitativo.
No se crean que Unión lo metió contra un arco, para nada. Es que Racing tiene la extraña facultad de complicarse la vida solito y asi sucedió, cuando en el minuto 18 Autino salió a las bandas y armó una buena jugada que terminó con Ochoa apareciendo por el medio del área y ante la pasividad de los centrales académicos, puso pardas en la noche cordobesa. Premio al sacrificio y el esfuerzo de uno (Unión) y castigo a la indolencia del otro (Racing)
A partir de eso las cosas retomaron su cauce, porque los de Coleoni asumieron nuevamente su rol de protagonista y fueron en busca del desnivel. El equipo siguió jugando tan mal como hasta entonces, con la diferencia de que a esas alturas la desesperación le jugaba una mala pasada y -jugado por jugado- las emociones llegarían casi por decantación. Los cambios que introdujo el técnico no modificaron coyunturalmente el funcionamiento del equipo, sí le devolvieron quizas esa verticalidad que habia perdido y que lo habia llevado a ponerse en ventaja. A los 43 -y cuando el empate parecía sellado- apareció Hernan Fernandez recuperando un balón suelto, fenomenal pase para Molina y centro envenenado del "8" que Luis Rivero pudo empujar con el arco vacío: 2-1.
Uno de los peores partidos que le ví jugar a Rivero y paradojicamente terminó siendo "el muchachito de la película", una cosa no invalida a la otra. Ganó Racing porque tuvo la suerte de pegar en los momentos justos, y porque a pesar de no haber logrado repetir ni por asomo aquel segundo tiempo frente a los salteños, supo resolver un partido adverso y sumó tres puntos de oro que lo dejan expectante de cara a un futuro inmediato en donde el margen de error sigue siendo mínimo. Se viene Alumni el próximo domingo en Villa Maria, y ojo, a no dormirse en los laureles porque si bien ganó dos al hilo y respira aliviado, siguen habiendo cosas por corregir.
Foto: Mundo D
Síntesis:
Racing:
Racing:
Diego Antonio; Leandro Beterette, Hernán Fernández (c) Rodrigo López y Hugo Urruti; Rubén Molina, Ariel Mascambroni, Exequiel Fernández Lucero y Albano Becica; Luis Rivero y Oscar Padua. DT: Gustavo Coleoni
Unión (S):
Diego Núñez; Miguel Yuste, Rodrigo Bertorini, Matías Fler (c) y César Riberi; Gabriel Albarracín, Santiago Autino, Diego Fraire y Cristian Ríos; Damián Solferino y Leonardo Ochoa. DT: Gustavo Barraza
Goles: PT, 17m Molina (R). ST, 18m Ochoa (U) y 43m Rivero (R).
Goles: PT, 17m Molina (R). ST, 18m Ochoa (U) y 43m Rivero (R).
Cambios: PT, 23m Daniel Díaz (6) por Albarracín (U). ST, 19m Ariel Alarcón por Urrutti (R), 23m Nicolás Pautasso por Ríos (U), 30m Javier López por Padua (R), 36m Luis Silba por Ochoa (U) y Bruno Weisser por Fernández Lucero (R).
Cancha: Racing.
Árbitro: M. Ejarque (bien).



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