La Selección Argentina de Basquet se coronó campeona del Torneo Preolímpico disputado en Mar del Plata. En la final, venció a Brasil por 80 a 75. Con la victoria de ayer en semis, ya se había clasificado para Londres 2012.
El paso ya estaba dado. El objetivo ya estaba cumplido. Pero estos muchachos no pueden dejar de entregar la vida cada vez que están dentro de una cancha. Hoy, para no perder la costumbre, jugaron un partidazo ante el equipo brasileño, y se quedaron con el título.
En el partido de ayer, la selección Argentina ya nos había hecho vivir otro de esos momentos históricos, memorables. En un encuentro definitivamente infartante, terminó quedándose con la semifinal derrotando a Puerto Rico por 81 a 79, comprando así el pasaje hacia Londres, para disputar los Juegos Olímpicos el próximo año.
Para esta noche, quedaba el broche de oro, la frutilla del postre. En otro gran partido, la “generación dorada” venció a su par de Brasil por 80 a 75 y se ganó el más que merecido título de campeón.
Destacar la actuación y el goleo de Luis Scola, reconocer las virtudes de Emanuel Ginóbili, detallar todo lo que fueron capaces de hacer Delfino y Pepe Sánchez, enaltecer el enorme trabajo, desde la humildad y el silencio, de jugadores como Kammerich y Jasen, volver a emocionarnos por el exitoso retorno de Oberto, inflar el pecho, como buenos cordobeses que somos, por el excelente trabajo de Prigioni, sería redundar. Sería ser repetitivo. Y por eso, voy a ser breve. Porque estoy emocionado. Y porque con estos muchachos, cualquier palabra sería escueta, cualquier descripción sería insuficiente, cualquier intento de acercarse a lo que realmente significa para el deporte nacional este grupo de jugadores, sería vano.
Seguramente tienen mucho más para dar. Seguramente, el exitismo nacional dirá que se puede ganar sin sufrir tanto. Seguramente, el Preolímpico deberá ser el piso de una nueva batalla y de un nuevo objetivo. Sin dudas, habrá que ir por el oro en Londres. Pero qué querés que te diga, hermano. Qué me importa. Estos muchachos sí que saben de dejar la vida por la celeste y blanca, estos sí que saben lo que es jugar con el corazón. Esta gente no necesita llorar el himno, ni necesita no cantarlo. Estos deportistas están mucho más allá de eso. Todo lo que tienen por demostrar, está dentro del rectángulo de juego. Todo lo expresan ahí. La deportividad absoluta, está ahí plasmada. De esas cuatro líneas hacia fuera, son sólo un grupo de basquetbolistas, que podrían ser eso, o cualquier otra cosa. Porque los desborda la humildad.
Sinceramente se me agotan las palabras. Probablemente debo haber perdido la coherencia en mis expresiones, como así también la objetividad. Qué querés que haga viejo, no puedo hacer otra cosa. No puedo más que ponerme de pie, y aplaudir a una generación decididamente dorada. “Gracias muchachos, salú, salú”.
Por Santiago Orosco



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