Columna de opinion
Con nuestra selección fuera de la Copa América y tras consecutivas eliminaciones en competiciones importantes, nos preguntamos y nos respondemos el porqué de estos fracasos.
El problema general radica en que el deporte en sí ha cambiado rotundamente, el que propone el juego y el ataque generalmente se queda con las manos vacías. Y aquel que se refugia atrás, apuesta al error del rival, no arriesga por las virtudes propias y utiliza artimañas, hoy termina ganando cosas. Antes no pasaba, era todo lo contrario. Hoy por hoy, un error te cuesta una eliminación por más que hayas sido mejor durante 89 minutos del partido, los cotejos se definen en una jugada, son generalmente cerrados, malos y poco atractivos. La mayoría gente aplaude una patada del delantero o trabar una pelota con el rival tirándose de cabeza, antes que la gambeta, el taco, la pared, la bicicleta, un sombrero o un caño. Jugar lindo, dejó de ser "jugar bien". Hoy la frase "jugar bien" es presentar un esquema ordenado, golpea una vez y realiza un knockout al rival, luego inventar lesiones para perder tiempo, ensuciar la cancha y demás actitudes que demuestran no tener ganas de que el encuentro transcurra con normalidad. Un partido dejó de ser un espectáculo deportivo y sólo está supeditado a la emoción. La belleza y la esteticidad del juego dejaron de priorizar en el pensamiento de algunos entrenadores y jugadores sin capacidad técnica, pero sí con un físico preparado para la alta competición.
Tantos fracasos, tantos equipos demuestran que jugar a no jugar da resultados nos da a pensar si debiéramos cambiar. Y llegamos a la conclusión de que no se debe cambiar el estilo y la forma, sino la identidad. Jugadores con técnica tenemos de sobra, siempre de buen pie, no debemos caerle a ellos. Debemos apostar al estilo que tantos réditos nos dio, a la pelota por el piso y al dominio territorial, como siempre hicimos. Pero no tenemos una identidad futbolística, no sabemos quién nos la robó o si sólo con el paso del tiempo la fuimos perdiendo. La formación de la identidad es un proceso que comienza a configurarse a partir de ciertas condiciones propias de la persona junto a ciertos hechos y experiencias básicas. A partir de lo anterior, la identidad se forma otorgándonos una imagen compleja sobre nosotros mismos, la que nos permite actuar en forma coherente según lo que pensamos. Debemos encontrar y formar nuestro pensamiento urgente, sino otra vez sufriremos en las eliminatorias y no estar en un Mundial sería catastrófico y una mancha en la historia de nuestro balonpié. Más teniendo en cuenta que el anfitrión será Brasil, nuestro país vecino y nuestro archirival.
Creemos que se puede, seguiremos apoyando a nuestro país y a la albiceleste en cualquier condición. Pero es hora de cambiar nuestra identidad, nuestro pensamiento. El estilo de juego debe ser el mismo por la calidad de jugadores que tenemos. Solo para ejemplificar está el Barcelona de España, pero sólo para ejemplificar. No hay que compararse, ni imitarlo, nuestra formación deberá ser propia. Pero es un ejemplo que sirve para explicar que no todo está perdido, que nuestra ideología de fútbol sigue vigente y puede conseguir resultados a corto y a largo plazo. Vamos muchachos que se puede, un pueblo está detrás de ustedes aguardando por una alegría.
Por Eddie Brugger


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